Un momento agradable en el día de una mujer… una mujer que canta mientras camina.

Un pasito, uno más.

La tarde está resplandeciente en este día de mayo, yo me siento contenta, alegre, resumiendo, feliz. Es uno de esos días en los que me da por cantar soniquetes de mi invención.

—Un pasito uno más, alegre va mi caminar, un pasito uno más…

Empujo la sillita con la que voy a recoger a mi hijo al parque, mientras tarareo de nuevo.

—Un pasito uno más, alegre va mi caminar, un pasito uno más…

Lo veo subiendo los escalones que separan la zona ajardinada de la que tiene varios columpios; hay un montón de niños, pero a él lo distingo perfectamente.

Atravieso entre el barullo de madres y padres que se afanan en mantener a sus hijos bajo sus miradas. Como otros días, los saludo con una sonrisa o un gesto de mi cabeza. Mis amplias gafas de sol y mi larga melena son como un pasaporte para la invisibilidad.

Lo cojo de pasada con mi mano derecha, lo deposito en el asiento de la sillita mientras le entrego un enorme perro de peluche; ahí se queda quieto, oculto bajo el muñeco. Me alejo entusiasmada mientras vuelvo a tararear:

—Un pasito uno más, alegre va mi caminar, un pasito uno más.

No miro atrás aunque me parece escuchar una voz alterada:

—¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¿Dónde está?

Madrid, 21 de Marzo de 2020.